viernes, 26 de abril de 2013

Derechos del Lector


Los derechos imprescriptibles del lector
1- El derecho a no leer.
2- El derecho a saltarse páginas.
3- El derecho a no terminar un libro.
4- El derecho a releer.
5- El derecho a leer cualquier cosa.
6- El derecho al bovarismo (1) (enfermedad textualmente transmisible)
7- El derecho a leer en cualquier parte.
8- El derecho a picotear.
9- El derecho a leer en voz alta.
10- El derecho a callarnos.
Daniel Pennac

El juego y la lectura


Reflexiones en torno al juego y la lectura
Es necesario recordar que la palabra tiene una fuerza y un poder que va más allá del libro, que posee la capacidad de convocar los sentidos, de apresar significados y expandirlos en múltiples direcciones.
Nadie más que ella posibilita la creatividad y la participación del receptor.
Estas características, inherentes al lenguaje, se acentúan notablemente en el lenguaje estético. El libro es un hecho de lenguaje y la obra literaria, en la medida en que es obra de arte, es un hecho de lenguaje estético. Y es el lenguaje estético el que más necesita de la capacidad recreadora del receptor por su principio de economía, por su propensión a decir con la menor cantidad de significantes la mayor cantidad de significados, a hacer de la palabra un signo denso,pleno, pero cuya plenitud no está manifiesta sino sugerida y solo se completa con la creatividad del que la lee o del que la escucha. [...]
Todos los libros necesitan de alguien que los lea, que “los eche a andar”, que los recree, pero mientras más nos acercamos a la obra literaria, más se fortalece la función del lector, más se hace necesaria su colaboración para recrear múltiples sentidos. Es entonces -cuando provoca y moviliza al lector- que el libro se convierte en un juguete y la lectura es un juego.
María Teresa Andruetto
Perla Suez
En Revista Piedra Libre, Publicación de Cedilij,
Año X, N° 18, 1er semestre de 1997

Escribir


“Todo comienza con el desasosiego, cuando uno siente que llegó el momento de empezar a chapotear y después internarse medio a ciegas en el oscuro mar de las palabras.
En ese mar, en donde el que va a escribir se interna con esperanza pero también con desconsuelo, de a ratos buceando y de a ratos sobrenadando, nada es clasificable: hay palabras como peces, algunas oscuras, otras luminosas, pero también otras que son a la vez oscuras y luminosas, y algunas, pesadas, que se vuelven aéreas cuando otra las toca. Con esos peces, se irá haciendo el texto. El que escribe bucea y atrapa, o no atrapa, y vuelve a la superficie, donde amasa, ordena, construye, discurre, y se vuelve a sumergir. Y el texto se va armando con ciertos peces y no con otros, con las palabras en cierto orden. Y cada orden con su constelación de significados, su profunda e irremediable polisemia.
barco_de_papel(…) El escritor escribe y se lee al mismo tiempo, y al leerse objetiva su texto, lo extraña, lo critica, razona con él, ordena. Pero tendrá que hacerlo sin perder el contacto con el mar, en el que deberá sumergirse una y otra vez, a cada rato, y cuidando de no matar los peces que va atrapando. De ese modo, cuando llegue el tiempo del lector, y el lector se zambulla a su vez en nuestro texto, y atrape nuestros peces -nuestros peces vivos y no muertos-, y los deje caer en su propio y privado mar de palabras, sucederá ese fenómeno único, irrepetible, asombroso, que es la lectura. Algo así como si esas palabras-peces, que se mantuvieron vivas en nuestro texto, se aparearan con las palabras-peces del lector, entraran en lucha con ellas, se fundieran, se deslumbraran unas a otras y crearan un nuevo texto, el texto leído, que es en cierto modo un nuevo escrito.
Esta fusión entre dos mares de palabras- la lectura-, que produce un estallido de significaciones, explicable con la crítica, iluminable con la crítica, por supuesto, pero no reductible al lenguaje discursivo, sucede sólo cuando tanto el autor como el lector han sido fieles al texto y no han pisado el palito…”
Graciela Montes
Fragmento de “¿Qué quiso decir con este cuento?”
en “El corral de la infancia”
Fondo de Cultura Económica, 2001

Juanito Laguna remontando su barrilete


“Les puse nombre y apellido a una multitud de anónimos, desplazados, marginados niños y humilladas mujeres; los rodeé de la materia en que desenvolvían sus desventuras, para que, de lo sentido, brotara el testimonio.Yo a Juanito Laguna lo veo y lo siento como el arquetipo que es; arquetipo de una realidad argentina y latinoamericana, lo siento como expresión de todos los Juanitos Laguna que existen.”
Antonio Berni (Rosario, 1905-1981)

Había una vez...


                                “Había una vez una palabra 
                                redonda, entera, brillante. 
                                Adentro de la palabra estaba el mundo. 
                                Y en el mundo estábamos nosotros, 
                                diciéndonos palabras.” 
                                Graciela Montes

viernes, 29 de marzo de 2013

UN SEÑOR MADURO CON UNA OREJA VERDE


 UN SEÑOR MADURO CON UNA OREJA VERDE
Un día en el expreso de Soria a Monterde
ví que subía un hombre con una oreja verde.
No era un hombre joven, sino más bien maduro,
todo menos su oreja que era de un verde puro.
Cambié pronto de asiento y me puse a su lado
para estudiar el caso de cerca y con cuidado.
Le pregunté: ” Esa oreja que tiene usted, señor…
¿Por qué es de color verde si ya es usted mayor?”
“Puede llamarme viejo … – me dijo con un guiño-
esta oreja me queda de mis tiempos de niño…
Es una oreja joven que sabe interpretar
voces que los mayores no llegan a escuchar.
Oigo la voz del árbol, de la piedra en el suelo,
del arroyo, la del pájaro, de la nube en el cielo…
…Por eso entiendo a los niños cuando hablan de esas cosas
que en orejas de mayores resultan misteriosas”
Eso me dijo el hombre con una oreja verde,
un día en el expreso de Soria a Monterde.
Gianni Rodari